En mi vida he ganado cuatro premios literarios. De poesía: dos primeros lugares y dos segundos en concursos nacionales (en mi tierra) y la sensación de poderío cuando te enteras que has ganado un concurso literario es increíble.
Hace unos años que no escribo casi nada. Supongo que el trabajo me ha absorbido mucho y me he dedicado al 100% a él. Hace unos días volví a escribir. Algo que es muy mejorable, siempre lo es, pero volví a escribir, que es lo importante. Volví a sentir la sensación de encontrar rimas extrañas en mitad de los versos (ese es mi estilo), en el desorden, en los efectos visuales, en los versos de una sola letra.
Hace algo más de tres años, pocos días antes de dejar de escribir, gané un segundo puesto en poesía, cuando estudiaba el doctorado. La obra constaba de dos poemas y se llamaba Reversos (y Madrid). El segundo poema no se me olvida y se lo dedicaba a Cecy:
(A Cecy, a su vida, que es la mía)
Te escribo desde la frescura ficticia
de los árboles,
desde las ventanas abiertas a cañonazos,
y los edificios de periódico
y las lunas de amapolas pintadas.
Te escribo sin luces ni espacio,
sin lápiz ni hojas
(ni secas, ni arrugadas).
Te escribo desde la casa de pino
y cieno -a veces-
que he alquilado.
Te escribo en mi cabeza,
en las horas que voy gastando
tratando de encontrarme
entre el aliento a cianuro,
tierra seca
y balas.
De tanto en tanto te equivoco
en las hojas
y te inserto en el poema equivocado,
donde crecen los odios,
donde te voy perdiendo poco a poco.
Pero en tal caso
te escribo donde por fin acierto
a escribirte que te quiero,
que es siempre
en un verso cualquiera.
(Espérame allí,
donde todavía exista el tiempo
y la espera)
En el doctorado decidí que quería enfocarme en Gabriel Celaya, una joya de la poesía española que no vende tanto como otros, pero que sus versos no tienen nada que envidiar a los "grandes". Aquí te dejo un poema de Gabriel dedicado a Amparitxu, su amor durante casi toda su vida:
Dedicatoria Final (Función de Amparitxu)
Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!
Muerdes una manzana. Y la manzana existe.
Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo.
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo,
y me das la manzana mordida que muerdo.
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso
que -¡basta!- te beso!
¡Y al diablo los versos,
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor,
y aunque sea un disparate todo existe porque existes,
y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio,
ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo,
y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.